viernes, 30 de enero de 2015

Cultos a Nuestra Señora de la Salve. Patrona de la Cofradía de las Siete Palabras.

Mañana, 31 de enero, comienza el Solemne Triduo en honor a Nuestra Señora de la Salve, Patrona –desde el año 2008- de la Cofradía de las Siete Palabras, establecida en la Parroquial de Santiago Apóstol, donde en otros tiempos, último tercio del siglo XVI, esta imagen mariana contó con una cofradía en su honor.



La imagen de Nuestra Señora de la Salve (Juan de Anchieta, h. 1566) representa a la Virgen con el Niño en su brazo izquierdo, portando en el derecho un cesto con las dos palomas o tórtolas para la ofrenda en el Templo de Jerusalén, como prescribía la Ley (Levítico), una vez cumplido el tiempo de purgación por el nacimiento de los hijos varones.

En el año 2009 celebra por primera vez un triduo en honor de su Patrona, y no será hasta el año siguiente, 2010, cuando la imagen salga como novedad por las calles de la parroquia, presidiendo la procesión de las velas o candelas propia de la festividad.

A propósito de esta procesión conviene recordar que la costumbre de celebrar la Procesión de Velas o Candelas se inicia en el Pontificado de Sergio I (Papa desde el año 687 al 701), quien dispuso que se solemnizaran con una procesión las cuatro fiestas marianas más significativas por su antigüedad: la Asunción, la Anunciación, la Natividad y la Purificación, siendo ésta última en la que se ha mantenido.

Con motivo de la festividad en el presente año, la Cofradía de las Siete Palabras ha organizado los siguientes cultos:

Solemne Triduo: Días 31 de enero, 1 y 2 de febrero. A las 19:30 h., Exposición del Santísimo Sacramento y rezo del Santo Rosario. Y a las 20:00 h., Santa Misa oficiada por D. Jesús García Gañán, y ejercicio del Triduo.

Devoto Besamanos: Nuestra Señora de la Salve estará expuesta a la veneración de sus cofrades, devotos y pueblo fiel, el día 31 de enero, de 9:30 a 13 h., y desde 18 h.

Solemne Procesión de las Candelas, presidida por la imagen de Nuestra Señora de la Salve, portada a hombros por sus cofrades, día 2 de febrero, Fiesta de la Presentación del Señor en el Templo y la Purificación de Nuestra Señora, a las 20 h.

viernes, 9 de enero de 2015

Nuestra Señora de los Reyes, de Sevilla, en Valladolid

Agradezco al Museo Nacional de Escultura (Valladolid) y a la Asociación de Fieles de la Virgen de los Reyes y San Fernando (Sevilla) el permiso para utilizar algunas de sus fotografías en la realización de esta entrada.


"Nuestra Señora de los Reyes" (Taller francés, siglo XIII).
Capilla Real.
Santa Metropolitana y Patriarcal Iglesia Catedral de Sevilla.
(Foto: Asociación de Fieles  de la Virgen de los Reyes y San Fernando. Sevilla).

"y el menino empieza a domir e despois que foi esparto, 
luego de comer pedía".

Así se narra la intervención de María Santísima en la curación de un pequeño infante, que llegará a convertirse en el rey Fernando III, El Santo.

Hijo de Doña Berenguela (hija de Alfonso VIII de Castilla) y de Alfonso IX de León, Fernando nació en el paraje de Valparaíso, en Peleas de Arriba (Zamora), actualmente señalado con una torre-monumento levantada por el arma de Ingenieros, de la que es Patrón. La fecha más probable de nacimiento es el 24 de junio de 1201 (otra posibilidad es el 5 de agosto de 1199).

En 1208, siendo todavía niño, su vida está en peligro al no dormir ni comer; en esta situación, su madre le lleva al Monasterio de San Salvador de Oña, donde reza insistentemente ante una imagen de Nuestra Señora por la curación de su hijo. Curación, pues, tomada por milagrosa.

La muerte de Alfonso VIII y del príncipe heredero Enrique, hacen que en 1217, la corona de Castilla pase a su madre, doña Berenguela, quien muestra su deseo de cederla en favor de su hijo Fernando, siendo proclamado rey de Castilla en Autillo de Campos (Palencia) el 14 de junio de 1217; unos días más tarde, el 1 de julio, será la proclamación oficial en Valladolid, y el 31 de agosto, fecha fijada para ser jurada reina, hace efectiva cesión a Fernando, efectuándose la coronación en la Plaza del Mercado en Valladolid y posterior juramento de lealtad en la Colegiata de la misma localidad. 

Oida, pues, por la reina la buena respuesta de los caballeros y procuradores de las ciudades, plúgose mucho, y por no ser buen lugar los palacios do estaba para facerle aquel acto, de ser jurada por reina, y lo que ella más queria hacer porque la gente era mucha, mandó que se saliesen  al Mercado.
Salidos todos y aderezado aquel lugar segun convenia, allí se hizo jurar por reina y señora del reino. Hecho este acto, luego en presencia de todos renunció el reino en su hijo Don Fernando, lo cual fue loado de todos cuantos alli se fallaron, y fueron dello muy alegres, y el rey Don Fernando alzó las manos al cielo dando por ello muchas gracias á Dios. Y luego los obispos que alli se fallaron con toda la clerecía llevaron con mucha solemnidad al rey á la iglesia acompañado de los grandes y otra mucha gente. Seria entonces el rey Don Fernando de edad de dieciocho años [realmente tendría 16]. Llegados a la Iglesia como dicho es con solemne procesion, alli le ficieron todos homenaje que le guardarian lealmente y le serian obedientes como leales vasallos, y de alli fue llevado a palacio”.
[Crónica de D. Fernando III].


Serían de los últimos acontecimientos importantes de los que fue testigo la primitiva Colegiata vallisoletana (de la que sólo se conservará la torre-pórtico), ya que dos años más tarde, en 1219 comienzan las obras de la nueva colegiata que durarán hasta 1230 siendo canciller Juan Domínguez. Ese último año, el 2 de diciembre de 1230, Fernando III de Castilla será coronado en Toro, como rey de León, quedando unidos ambos reinos. A partir de entonces impulsa la Reconquista, labor que a la que ya se había dedicado unos años antes. Irá recuperando Andújar, Baeza, Martos, Córdoba, Jaén, Sevilla, etc.

El cerco de Sevilla comienza el 20 de agosto de 1247 finalizando el 23 de noviembre de 1248 cuando el caid de la ciudad, Axataf (Abul Hasan) se rinde ante Fernando III, entregándole las llaves de la ciudad. Este acontecimiento será uno de los temas más recurridos por los artistas en la  iconografía de este santo monarca. Este episodio lo encontramos representado en Valladolid en dos grandes cuadros, uno en la Real Iglesia Parroquial de San Miguel y San Julián y Santa Basilia, en el que aparece en un rompimiento de gloria la Virgen con el Niño (en este caso el Niño está a un lado de la Virgen no en el centro del regazo como en la imagen de Nuestra Señora de los Reyes, podría ser la imagen de Nuestra Señora de las Batallas, que llevaba el rey en su montura, algo similar a lo que se puede ver en el guión de San Fernando, de 1968, de la Hermandad de la Redención de Sevilla; no obstante hay que hacer constar que en la imagen de Nuestra Señora de los Reyes, el Niño no siempre estuvo en el lugar que hoy ocupa, ya que en origen estuvo colocado en el regazo izquierdo de la Virgen). El otro cuadro, obra de Manuel de Peti (c. 1700) se conserva en la Capilla de Nuestra Señora del Sagrario en la S.I. Catedral de Valladolid, en este caso no aparece la Virgen.

"Conquista de Sevilla por Fernando III el Santo".
Real Iglesia Parroquial de San Miguel y San Julián y Santa Basilisa.
Valladolid.

"Conquista de Sevilla por Fernando III el Santo" (Manuel de Peti, c. 1700).
Capilla de Nuestra Señora del Sagrario.
Santa Iglesia Metropolitana Catedral de Nuestra Señora de la Asunción.
Valladolid.


Fernando III muere el 30 de mayo de 1252 (1290 de la Era hispánica). El primer lugar donde recibió sepultura su cuerpo, al día siguiente de fallecer, sería cerca de las gradas del actual retablo mayor de la Catedral. Posteriormente, el cuerpo fue trasladado a otros lugares al iniciarse la construcción del edificio gótico, hasta que en 1579 (una vez concluida la Capilla Real) fue trasladado a este nuevo espacio. En el año 2011, en el transcurso de las obras de restauración de la Capilla Real se encontró una estructura central con forma de estrella que puede ser el lugar donde estuvo enterrado desde 1579 hasta 1729 cuando su cuerpo es depositado en la urna de plata (acontecimiento con grandes celebraciones que tuvo lugar el 14 de mayo de 1729) realizada por Juan Laureano de Pina  entre 1690 y 1719. 

La fama de santidad aparece poco después de su muerte, se da el caso que Inocencio IV en 1252 y Alejandro IV en 1254 y 1255 concedieron indulgencias a quienes rezasen ante el sepulcro del rey (María Jesús Sanz, “Imagen del antiguo tabernáculo de plata, de la Capilla Real de Sevilla, a través de dos sellos medievales”), aunque tuvieron que pasar cuatro siglos para que diera comienzo el proceso de canonización, formándose su expediente a partir de 1628; varias décadas después (29 de mayo de 1655) el Papa Alejando VII confirmaría su culto inmemorial y, finalmente el 7 de febrero de 1671, será canonizado por el Papa Clemente X. En este mismo año de su canonización, diversos Cabildos catedralicios encargarán la hechura de imágenes del nuevo santo para sus respectivos templos, como ocurre en Sevilla, obra de Pedro Roldán (aunque desde poco después de su muerte hay constancia de una representación sedente del rey, luego acompañada por otras esculturas de Beatriz de Suabia y Alfonso X), Palencia, Zamora  y el caso de la Catedral de Valladolid; las realizadas en este momento tienen en común su más que probable inspiración en la estampa grabada en Roma por el francés Claude Audran en 1630, y en el caso de las tres últimas tallas se adscriben a la producción del escultor Alonso Fernández de Rozas (de estas imágenes ha tratado Jesús Urrea). El cabildo de Valladolid además de dedicarle una capilla dispuso que cuando el Corpus Christi coincidiese en la misma fecha que la fiesta de San Fernando (es decir, el 30 de mayo) esta imagen participaría en la Procesión del Corpus Christi…costumbre hoy desaparecida. Otras ciudades, como es el caso de Sevilla, mantiene la tradición de portar la imagen del Santo todos los años en esa misma procesión. 

Una de las virtudes del Santo era su devoción a la Santísima Virgen, tal vez en gran medida propiciada por la sanación en su infancia. Sirva como prueba de este rasgo, compartido con su primo San Luis, rey de Francia, que cuando este rey francés estuvo enfermo, San Fernando pidió que se hicieran rogativas a Nuestra Señora de la Peña de Francia en Valladolid para impetrar su auxilio; también llevaba una imagen de Nuestra Señora en las batallas durante la Reconquista, y en muchas localidades recuperadas procuraba dejar alguna imagen de la Santísima Virgen, que por su cronología y características comunes reciben el nombre de imágenes o vírgenes fernandinas. En este punto es necesario recordar un acontecimiento singular en Sevilla, que tuvo lugar el 23 de noviembre de 1948 con motivo del VII Centenario de la Conquista de la ciudad, una Magna procesión formada por los siguientes “pasos” con imágenes que reunían aquella particularidad:
  • Nuestra Señora de Valme, de Dos Hermanas (Sevilla).
  • Nuestra Señora de los Reyes, de San Ildefonso (Patrona del Gremio de los Alfayates o Sastres), Sevilla.
  • Nuestra Señora de los Reyes, del Monasterio de San Clemente, Sevilla.
  • Nuestra Señora de las Batallas, de la Catedral de Sevilla (imagen que, según la tradición iba asida a la silla de montar de su caballo).
  • Pendón de San Fernando, custodiado por la comisión de los regimientos de Ingenieros militares y la imagen de San Fernando (Catedral de Sevilla).
  • Nuestra Señora de la Merced, del Monasterio de Mercedarias Calzadas de la Asunción, Sevilla.
  • Nuestra Señora de las Aguas, de la Colegial del Divino Salvador, Sevilla.
  • Nuestra Señora de los Reyes, Patrona de Sevilla (Catedral de Sevilla).

Y a estas posibilidades, cabe unir dos episodios que se recogen tradicionalmente en la vida de Fernando III, se trata de dos apariciones o visiones que tuvo de la Santísima Virgen: una tiene lugar en medio de una gran sequía motivo por el cual el rey se apartó para hacer penitencia pidiendo la intercesión de la Virgen quien se le apareció con el Niño Jesús en brazos indicándole que su petición había sido oída y que en breve llegaría la lluvia; el otro encuentro se produce en un viaje del rey entre Sevilla y Alcalá de Guadaira. El Museo Nacional de Escultura de Valladolid conserva también una pintura obra de Andrés Amaya que representa una de las apariciones de la Virgen (con atributos de reina, el Niño en el lado izquierdo) a San Fernando. No serán los únicos encuentros sobrenaturales ya que a lo largo de su vida también se describen visiones de San Pedro y San Pablo, de San Leandro, obispo, quien le revelaría el lugar donde estaban enterradas sus reliquias y de San Isidoro, quien también le anunció que conquistaría la ciudad de Sevilla. 

Tal vez en esta propagación del culto a San Fernando esté el origen de la llegada a Valladolid y su provincia de algunas representaciones de Nuestra Señora de los Reyes, imagen que preside la Capilla Real en la Catedral hispalense. Esta imagen de Nuestra Señora de los Reyes está datada en la primera mitad del siglo XIII, y se relaciona con talleres franceses, por lo que una de las posibilidades de su origen es que fuera un regalo de San Luis de Francia a Fernando III. Otra versión, legendaria y con mayor repercusión en la iconografía del santo, cuenta que durante el cerco a la ciudad de Sevilla, el rey tuvo un sueño en el que la Virgen le ayudaba a vencer en la batalla; con el deseo de tener una imagen según la había visto, diversos escultores le presentaron tallas aunque ninguna la representaba con fidelidad, así hasta que aparecieron “dos esbeltos mancebos” quienes pidieron los materiales y las herramientas adecuadas además de un lugar apartado (la Torre de Herberos) en el que desarrollar su trabajo sin ser molestados; pasado un tiempo sin noticias, el rey envió un sirviente para que le informara y cuando el enviado entró en el lugar de trabajo lo único que encontró fue la imagen de Nuestra Señora, dando aviso al rey quien fue hasta ese lugar, considerando que lo autores de aquella imagen habían sido dos ángeles. 
Sea como fuere, esta imagen presidió la procesión organizada el 22 de diciembre de 1248, cuando la mezquita mayor es destinada al culto cristiano.
Finalmente, la imagen llegó a la Catedral de Sevilla por mediación de Alfonso X.

Valladolid (y provincia) cuanta con al menos cuatro representaciones de Nuestra Señora de los Reyes. Por un lado, en la propia ciudad se cuenta con dos obras, una en el Monasterio de la Concepción del Carmen, las religiosas carmelitas descalzas de la cuarta fundación de Santa Teresa de Jesús; otra en Valladolid, se conserva en el Museo Nacional de Escultura, procedente del Monasterio de San Benito El Real. Otro cuadro de Nuestra Señora de los Reyes está en la sacristía de la ermita de la Vera Cruz en Nava del Rey. Y, finalmente, la más reciente, es una imagen regalada al Cardenal Carlos Amigo Vallejo, Arzobispo Emérito de Sevilla, quien la bendijo el 13 de mayo de 2012 y que recibe culto en la Iglesia de Santa María en Medina de Rioseco.

Nuestra Señora de los Reyes” (Museo Nacional de Escultura).- Procede del Monasterio de San Benito El Real, de Valladolid. Obra de Francisco Meneses Osorio, óleo sobre lienzo, fechada en 1696. Puede decirse que es la representación más interesante de esta advocación en Valladolid ya que muestra a Nuestra Señora de los Reyes en su retablo en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla, en un momento en que ya ha sido canonizado Fernando III, pero su cuerpo no ha sido trasladado a la urna de plata que lo contiene en la actualidad. El retablo es realizado por Luis Ortiz de Vargas entre 1643 y 1649, cuenta con la presencia de San Joaquín y Santa Ana (padres de la Virgen), San José con el Niño, y las Santas Justa y Rufina. Miguel Ángel Marcos Villán, quien realizó la catalogación de esta obra en el Museo Nacional de Escultura señala la importancia del grabado de Matías Arteaga (1671)  para la difusión de este retablo, grabado recogido en el libro de Torre Farfán, "Fiesta en la Santa Iglesia Metropolitana y patriarcal de Sevilla al nuevo culto del Señor Rey San Fernando". El mencionado grabado muestra el interior de la Capilla Real, una vista detallada en la que se aprecia desde el pavimento a la bóveda, los retablos en los laterales, la disposición en aquel momento de la tumba de San Fernando (junto con las de Alfonso X y Doña Beatriz de Suabia), la imagen de Nuestra Señora de los Reyes en otra pieza importante: el templete con castillos y leones, de los pocos recuerdos de la primitiva disposición de la imagen y los tres sepulcros reales; a los lados de la Virgen pueden intuirse las efigies de San Joaquín y Santa Ana, y flanqueando el retablo, dos santos obispos.

"Nuestra Señora de los Reyes" (Francisco Meneses Osorio, 1696).
Museo Nacional de Escultura (Valladolid).
Procedente del Monasterio de San Benito El Real, Valladolid.
Imagen cedida por Museo Nacional de Escultura. Catálogo de Colecciones del Museo Nacional de Escultura (http://museoescultura.mcu.es), Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, España.


Nuestra Señora de los Reyes” (Monasterio de la Concepción del Carmen, Valladolid).- Fechado hacia 1700. Muestra a la Virgen de los Reyes en su templete. Vestida a la moda del siglo XVII, con saya rígida acampanada, amplias mangas o brazales, sencilla toca y manto sobre ella cayendo por encima de los hombros llegando al suelo, las sienes ceñida por corona abierta, collar y otros adornos en el terno, con luna a los pies; el Niño con jubón, calzas, zapatitos y abrigo, corona real. Fue donada a este monasterio por la Marquesa de la Mota, y a principios del siglo XVIII estaba situado en el coro bajo.

"Nuestra Señora de los Reyes" (c. 1700).
Monasterio de la Concepción del Carmen.
Valladolid.


Nuestra Señora de los Reyes”, en la sacristía de la ermita de la Vera Cruz, en Nava del rey (Valladolid). Pintura catalogada del siglo XVIII. Como en el caso del conservado en la Concepción del Carmen, sólo muestra a la Virgen de los Reyes en el templete.

"Nuestra Señora de los Reyes" (siglo XVIII).
Ermita de la Vera Cruz.
Nava del Rey (Valladolid).