miércoles, 24 de octubre de 2012

Origen de la Solemnidad del Corpus Christi

Procesión del Corpus Christi en Valladolid


Se inicia con esta entrada una serie dedicada a la celebración de la Solemnidad del Corpus Christi en Valladolid, a lo largo de la misma se darán conocer preparativos y cultos, plantas procesionales, imágenes en el cortejo etc., apoyado, fundamentalmente, en la prensa local. Aunque antes de ello, conviene aportar algunas notas sobre el origen de la Solemnidad del Corpus Christi.


Para empezar, hay remontarse a la segunda mitad del siglo XIII, concretamente a la Abadía de Cornillón en Lieja (Bélgica) momento y lugar en que se funda un Movimiento Eucarístico que fue el origen de costumbres tales como la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y la fiesta del Corpus Christi.


Aquí surge la figura de Santa Juliana de Mont Cornillón (* Retines cerca de Liège, Bélgica, 1193 - † Fosses, 5 de abril de 1258), quien ya desde joven tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento, deseando que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo parece que aumentó por una visión que tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad. Esta visión fue comunicada por la Santa a Mons. Roberto de Thorete, obispo de Lieja, también a Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos y a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Lieja, más tarde Papa Urbano IV.
El obispo Roberto se impresionó favorablemente y, como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante; al mismo tiempo el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan escribiera el oficio para esa ocasión. El decreto está preservado en Binterim (Denkwürdigkeiten, V.I. 276), junto con algunas partes del oficio.
Mons. Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se celebró por primera vez al año siguiente el jueves posterior a la fiesta de la Santísima Trinidad. Más tarde un obispo alemán conoció la costumbre y la extendió por toda la actual Alemania.


Pocos años después tiene lugar otro prodigio que propiciará la expansión de esta Fiesta del Corpus Christi por toda la Iglesia: el conocido Milagro Eucarístico de Bolsena, que tuvo lugar en 1263 ó 1264. Esta localidad, Bolsena, se encuentra cerca de Orvieto, que por entonces era sede de la Corte Papal de Urbano IV (Jacques Pantaleón de Court-Palais, * Troyes, h. 1195 - † Perugia, 2 de diciembre de 1264). En pocas palabras el Milagro que se produjo fue que un sacerdote llamado Pedro de Praga se encontraba de peregrinación a Roma ya que tenía dudas de que la Consagración fuera algo real, estando en Bolsena en la Iglesia de Santa Cristina pidió celebrar la Santa Misa, y al momento de partir la Sagrada Forma, vio salir de ella sangre de la que se fue empapando en seguida el corporal. La venerada reliquia fue llevada en procesión a Orvieto el 19 junio de 1264. Hoy se conservan los corporales -donde se apoya el cáliz y la patena durante la Misa- en Orvieto, y también se puede ver la piedra del altar en Bolsena, manchada de sangre. 


El Santo Padre movido por el prodigio, y a petición de varios obispos, hace que se extienda la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia por medio de la bula "Transiturus" (o Transiturus de hoc mundo) de 8 septiembre de 1264, fijándola para el jueves después de la octava de Pentecostés y otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y al oficio. En esta bula también se condenaba la herejía de Berengario de Tours (*Tours, Francia, c. 1000 – † Saint Cosmas, Tours, Francia, 1088) sobre la transubstanciación eucarística (en 1215, en el IV Concilio Laterano, la transustanciación se convirtió en dogma de fe).


El mismo Pontífice encargó un oficio -la liturgia de las horas- a San Buenaventura y a Santo Tomás de Aquino; cuando el Pontífice comenzó a leer en voz alta el oficio hecho por Santo Tomás, San Buenaventura fue rompiendo el suyo en pedazos.


La muerte del Papa Urbano IV (Perugia, 2 de diciembre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. Pero el Papa Clemente V (Bertrand de Got,  Villandraut, 1264 – † Avignon, 20 de abril de 1314) tomó el asunto en sus manos y, en el Concilio General de Vienne (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta e incluso se dará las normas para regular el cortejo procesional en el interior de los templos señalando el lugar que deberán ocupar las autoridades que quisieran añadirse al desfile. En 1317 se promulga una recopilación de leyes -por Juan XXII (Jacques Duèze, * Cahors, 1249 – † Avignon, 4 de diciembre de 1334)- y así se extiende la fiesta a toda la Iglesia. Este mismo Pontífice, el año anterior, 1316, introduce la Octava con exposición del Santísimo Sacramento.


La fiesta fue aceptada en Cologne en 1306; en Worms la adoptaron en 1315; en Strasburg en 1316. En Inglaterra fue introducida de Bélgica entre 1320 y 1325. 


Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones se hicieron bastante comunes a partir del siglo XIV y fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V (Oddone Colonna, Genazzano, c. 1368 – Roma, 20 de febrero de 1431) y su sucesor Eugenio IV (Gabriele Condulmer, (Venecia, 1383 - Roma, 23 de febrero de 1447). Pero el gran impulso vendrá dado por el Papa Nicolás V (Tommaso Parentucelli, * Sarzana, 15 de noviembre de 1397 – † Roma, 24 de marzo de 1455), cuando en la festividad del Corpus Christi del año 1447, sale procesionalmente con la Hostia Santa por las calles de Roma.


Finalmente, el Concilio de Trento (1545-1563) también se ocupó de este tema en  “EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA, SESIÓN XIII. Que es la III celebrada en tiempo del sumo Pontífice Julio III en 11 de octubre de 1551
CAP. V. Del culto y veneración que se debe dar a este santísimo Sacramento.
No queda, pues, motivo alguno de duda en que todos los fieles cristianos hayan de venerar a este santísimo Sacramento, y prestarle, según la costumbre siempre recibida en la Iglesia católica, el culto de latría que se debe al mismo Dios. Ni se le debe tributar menos adoración con el pretexto de que fue instituido por Cristo nuestro Señor para recibirlo; pues creemos que está presente en él aquel mismo Dios de quien el Padre Eterno, introduciéndole en el mundo, dice: Adórenle todos los Angeles de Dios; el mismo a quien los Magos postrados adoraron; y quien finalmente, según el testimonio de la Escritura, fue adorado por los Apóstoles en Galilea. Declara además el santo Concilio, que la costumbre de celebrar con singular veneración y solemnidad todos los años, en cierto día señalado y festivo, este sublime y venerable Sacramento, y la de conducirlo en procesiones honorífica y reverentemente por las calles y lugares públicos, se introdujo en la Iglesia de Dios con mucha piedad y religión. Es sin duda muy justo que haya señalados algunos días de fiesta en que todos los cristianos testifiquen con singulares y exquisitas demostraciones la gratitud y memoria de sus ánimos respecto del dueño y Redentor de todos, por tan inefable, y claramente divino beneficio, en que se representan sus triunfos, y la victoria que alcanzó de la muerte. Ha sido por cierto debido, que la verdad victoriosa triunfe de tal modo de la mentira y herejía, que sus enemigos a vista de tanto esplendor, y testigos del grande regocijo de la Iglesia universal, o debilitados y quebrantados se consuman de envidia, o avergonzados y confundidos vuelvan alguna vez sobre sí.”



Ya en el siglo XIII hay datos de la celebración de la Festividad del Corpus Christi en algunos lugares de España. Así Alfonso X participó en la celebración del Corpus en Toledo en el año 1280, y de dos años más tarde, 1282, hay referencias de la celebración de la Fiesta en Sevilla


Hay constancia documental de la procesión del Corpus Christi por el exterior de los templos, en el siglo XIV: en Barcelona tuvo lugar la primera en 1319; también en el primer tercio de este siglo es cuando comienza a celebrarse en Toledo, en especial durante el episcopado del arzobispo don Jimeno de Luna (1328-1337); en el caso de Valencia, la primera procesión tuvo lugar en 1355 y continuadamente se hace desde 1372.


Por estas fechas se iría extendiendo por toda la península por aquellas localidades en que hubiera Catedral o Iglesia Colegial, y por tanto, sería cuando comenzara a celebrarse en Valladolid.


Desde la adopción de la Fiesta del Corpus Christi, o mejor dicho desde que se comienzan a realizar procesiones públicas, el Santísimo Sacramento era portado en un rica arca para la ocasión o bien en un copón cerrado. No es hasta el siglo XIV cuando se desarrolla el ostensorio (de ostendere, “mostrar”) cuya forma parece derivar, según algunos autores, de los relicarios (se dio casos de imágenes con tecas para colocar en ellas la Sagrada Forma), surgiendo estas primeras custodias en Prusia, y será a mediados del siglo XVI cuando adopten la forma conocida de sol. Posteriormente comenzaría la costumbre de introducir estos ostensorios en templetes, al principios simples y luego cada vez más complejos presentándose como torres arquitectónicas realizadas en ricos materiales, plata habitualmente. Durante los siglos XV y XVI las Catedrales e Iglesias Colegiatas “competirán” en la construcción de Custodias procesionales, destacando en su realización España. Esta evolución se daría seguramente en Valladolid. Primero el Santísimo Sacramento sería procesionado en un arca, para ya en el siglo XVI (probablemente a mediados) iría en un ostensorio en manos del abad, hasta la construcción de la Custodia de Juan de Arfe.


Momento importante fue el siglo XVI por el auge de las Cofradías Sacramentales. A este respecto hay que considerar que en esta época existía una Cofradía del Corpus Christi en la S.I. Catedral, formada por labradores y hortelanos, cuya Regla había sido aprobada en 1574. Seguramente unos años antes, a mediados de ese mismo siglo, se autorizaría en Valladolid la creación de la Cofradía de Minerva, siguiendo la que se había fundado en Roma en 1539 en Santa María Supra Minerva. Además, se fundan Cofradías Sacramentales en Parroquias y Conventos, propiciado en gran medida por la obra de Teresa Enríquez de Alvarado (*Valladolid o Medina de Rioseco, c.1540- † Torrijos, 4 de marzo de 1529) quien por la bula Pastoris Aeternis dada en Roma el 21 de agosto de 1508 por el Papa Julio II se la concedía fundar Cofradías Sacramentales bajo su patrocinio.


En 1989, por acuerdo del Gobierno de España con la Conferencia Episcopal, la Solemnidad del Corpus fue trasladada al domingo siguiente, pasando el jueves a ser día laborable. Aunque la solemnidad litúrgica sea en domingo, diversas localidades celebran la procesión en el jueves tradicional, que es declarado fiesta local por sus respectivos ayuntamientos. 


Lo cierto es que sería interesante la recuperación de esta Solemnidad en jueves, relacionándola así con el Jueves Santo, celebración de la Institución de la Eucaristía, como históricamente ha sido celebrada. Así, cabe citar en este momento las reflexiones del Cardenal Antonio Cañizares Llovera en junio de 2011, siendo Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en la que además de manifestar su deseo personal de volver a la celebración en jueves, argumentaba “Creo que exaltar la fiesta de Corpus por sí misma separada del domingo sería una realidad muy gozosa y muy esperanzadora porque supondría en medio de la semana decir a todas las gentes que verdaderamente Cristo es el centro de todo”, y deseaba que “se pueda volver a celebrar de nuevo, como históricamente ha sido, la fiesta de Corpus en jueves, que evoca, de alguna manera, el Jueves Santo”.


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